LOS TRATANTES

En Porcisan estamos realmente orgullosos de ser la cuarta generación de tratantes de ganado. En 1986 también nos establecimos como una compañía ganadera, productora de cerdo, pero nunca olvidamos nuestros orígenes.

El trato de ganado era un oficio tradicional en toda España y en Murcia, nuestra región. Los tratantes de ganado debían tener ciertas habilidades tales como la persuasión, saber apreciar la calidad del ganado sin mostrar ningún interés en él, templanza para evitar perder la compostura en el momento del trato…

Estas cualidades de la personalidad eran difíciles de aprender y no era nada fácil acceder a este mundo. Normalmente, esta profesión  la ostentaban ciertas familias, transmitiéndose  de generación en generación como si de una herenca se tratase.

Los tratantes eran admirados y respetados e incluso su manera de vestir los delataba: blusón negro, gorro o sombrero y cayado o bastón.

Semanalmente se celebraban mercados de ganado en Murcia -los jueves- y en ellos se cerraban los tratos. Los granjeros iban al mercado para vender sus cerdos. Vendedor y comprador sabían de antemano los precios y cuando hacían un trato, el vendedor solía pedir una cantidad mayor a la del mercado. De esa manera, el tratante le sacaba defectos al ganado y  ofrecía  una cantidad menor, el vendedor no la aceptaba y así continuaba el trato.

A veces, el tratante se retiraba a hacer otros tratos, mientras tanto, el vendedor conseguía información de los precios. El tratante volvía y continúaba regateando hasta que lograba un precio aceptable.  Algunos tratos se estancaban y tenía que interceder otra persona siempre de cierta confianza para consensuar el precio final.

El trato se cerraba con un apretón de manos que tenía la misma efectividad y legitimidad que un contrato comercial, y era imposible volverse atrás en el trato. Los tratantes se conocían los unos a los otros y si alguien faltaba a su palabra, podía dejar el oficio.

El trato se consumaba con “el alboroque o convite” entre los que habían tomado parte  en él y era pagado por el vendedor, aunque algún gorrón que otro se sumaba. Allí hablaban de los avatares del trato cerrado y de los chismes de la región.  Los tratantes  recorrían los caminos y carreteras y eran una fuente de información fidedigna de lo que ocurría en la región.

Tras el trato y la celebración se marchaban al matadero o a otros mercados para revender el ganado.

Fuente de la imagen: www.cutodivino.com

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