DINAMARCA APLICA UN IMPUESTO A LA GRASA

Dinamarca se ha convertido en el primer país en establecer impuestos por grasas saturadas en los alimentos. El impuesto afecta a todos los alimentos con un contenido de grasa saturada por encima del 2,3 por ciento. La Confederación de Industrias de Dinamarca calcula que el impuesto grava con 9 céntimos a una bolsa de patatas fritas, y 15 céntimos el precio de una hamburguesa. El gobierno danés ha aplicado el impuesto, ya que pretende que los daneses coman más sano al estar a la cola de Europa en términos de esperanza de vida. ¿Lo harán? La investigación sobre los “impuestos” de grasa es escasa, pero hay buenas razones para ser escépticos sobre los potenciales beneficios en la salud públicaSegún el estudio Fax Tax: Big Money for Small Change, se estima que mil millones de adultos en todo el mundo tienen sobrepeso y al menos 300 millones son clínicamente obesos (OMS 2004). Entre los países de la OCDE, Estados Unidos tiene la mayor proporción de personas con sobrepeso (65 por ciento), seguido por México (62 por ciento) y Reino Unido (61 por ciento) (Loureiro y Nayga 2005). El porcentaje de estadounidenses con sobrepeso y obesidad aumentó de un 45 por ciento a 65 por ciento de 1960 a 2002.

En un intento por mejorar la salud del país, muchos responsables políticos de Estados Unidos tienen o están considerando establecer un impuesto sobre la grasa en los alimentos. Los productos lácteos en Estados Unidos constituyen una gran parte del consumo de grasa especialmente de las más perjudiciales  y todos los hogares estadounidenses consumen estos productos. Se calcula la demanda que tienen los lácteos y en base a ésto, se simulan los posibles efectos que tendría sustituir los lácteos y el impacto sobre el bienestar en diferentes grupos de consumidores. Un impuesto del 10 por ciento en el porcentaje de grasa reduciría el consumo de grasas en un punto porcentual menor que 1 (menos del 1%).

Teniendo en cuenta que la demanda de la mayoría de productos lácteos es inelástico -término económico que califica todas aquellas variables que resultan insensibles ante cambios de otras con las que están relacionadas – un impuesto a la grasa es un medio eficaz para aumentar los ingresos. Sin embargo, estas tasas a la grasa no son prácticas porque no consiguen su objetivo, ya que los ancianos y los ciudadanos con menos recursos sufren mayores pérdidas de bienestar debido a estos impuestos que los consumidores más jóvenes y con poder adquisitivo mayor.

Todas las grasas contienen diferentes proporciones de grasas saturadas e insaturadas. Ejemplos de alimentos que contienen una alta proporción de grasas saturadas incluyen las grasas de origen animal tales como nata, queso o mantequilla ,  así como determinados productos vegetales tales como aceite de coco, aceite de semilla de algodón, aceite de almendra de palma, el chocolate, y muchos preparados alimenticios.

En Europa, existe un Reglamento de la Comisión para la clasificación de las canales de cerdo de acuerdo con el porcentaje de carne magra versus grasa y su conformación que establece los precios de mercado. Esta clasificación también destaca la calidad de la carne. La  mejor clase y más saludable de las canales de cerdo se corresponde con el más alto contenido de carne magra en comparación con la grasa.

Fuentes: Fat Taxes: Big Money for Small Change. Hayley H. Chouinard, David E. Davis, Jeffrey T. LaFrance and Jeffrey M. Perloff.

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